martes, 28 de septiembre de 2010

Nuevo rumbo.

Pues estamos en el inicio de la temporada. Con la llegada de las temperaturas más frescas la gente se anima a entrenar y ya comienza a pensar en los próximos retos: diezmiles, medias y maratones a corto y medio plazo. Para muestra un botón, unos diez corredores ayer en el entrenamiento de los lunes.
Pero para mí esta no es una temporada más.
Antes de tomar parte en la ultra de julio anuncié a mis próximos que me tomaría un año sabático en esto del correr, con lo que ello implica de regeneración o de riesgo.
Así que desde el próximo mes mi idea es la de salir a trotar un par de días a la semana, tres a lo sumo en algún caso, todos tranquilos. Como ejercicio de base para estar en forma.
Paralelamente, aprovecharé para intentar aprender un poco a jugar al tenis, para lo que otro par de días acudiré a clases en el polideportivo. Es el momento, sino, ¿cuando?.
Un domingo al mes me he propuesto quedar con mis compañeros de carreras y acompañarles lo que pueda en su entreno programado. Me servirá para mantener el vínculo y saber de sus progresos.
Para mayo del 2011 retomaré las salidas por el monte. Lo suficiente para acometer el MAM 2011 en junio con las garantías de terminarlo y cumplir con mi cita que hará ya 15 años.
De alguna forma, deporte salud. Aunque ¿quien sabe? igual tengo más achaques que cualquiera de los anteriores años.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Bola del Mundo. Vuelta ciclista a España.

Ayer tuve la ocasión de disfrutar de uno de esos días grandes del ciclismo profesional. Por primera vez la Vuelta Ciclista a España ascendía el alto de Guarramillas, popularmente conocido como La Bola del Mundo.
Así que con tiempo, para preveer atascos y cortes de carretera a las 12:30 quedamos un grupo de amigos para ascender hasta alguna de sus revidaras curvas y jalear el paso de los ciclistas.
Optamos por ascender por la Barranca, Ortiz, Tubería, Collado de los pastores. Aprovechando para realizar un interesante entrenamiento ultrafondista (correr-caminar).
Como llegamos bien de tiempo al Collado optamos por bajar hasta el puerto para ver el primer paso por Navacerrada puerto desde la vertiente segoviana que realizaron los ciclistas. La cantidad de gentío era impresionante, ni más ni menos que el esperado. Más si cabe con la emoción de esperar el útimo ataque del español Ezequiel Mosquera al italiano Vicenzo Nibali, lider y finalmente triunfador de esta edición.
Arriba, la niebla, el aire y los 8º de temperatura hicieron que la espera fuera larga. En cuanto pasaron los 30 primeros ciclistas optamos por regresar por donde habíamos venido.
Al final fueron casi 27 km. Para un día que mereció la pena. Como muestra unas imágenes:
Web de Rtve.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Pies de Barro

Parto de la premisa de que esto no será una crónica al uso. Más bien una argamasa de pensamientos y sentimientos.
Empezaré diciendo que creo que es el título más apropiado para expresar aquí lo que viví en la G2H. Por su grafismo y por su doble lectura. Rindo pleitesía a ese terreno que tantas veces probé y me envolvió, asi como, a la incapacidad de arrancar de mis entrañas la rebeldía suficiente para aceptar la pelea al mismisimo Dios Eolo si hubiera hecho falta.
Con ese puntinto fatalista que tanto me gusta y que desde siempre me acompaña, que no es malo, siempre que no me llegue a arrastrar os hago este pequeño lienzo de pinceladas ya como recuerdos de aquella aventura que fue la Goierrikohaundiak.


Si hubiera tenido que apostar por mi la mañana del 16 de julio no hubiera puesto sobre la mesa más allá de un simbólico euro. Me desperté temprano y las sensaciones no fueron nada buenas. Sudor frio y piernas temblorosas. Bien hubiera preferido que fuera pánico pero llevaba 48 horas con la salud en el alero y me estaba pasando factura.
Después de tanto entusiasmo, convicción, esfuerzo y empeño me encontraba en un inicio nada prometedor. Pero comencé bien, fui paciente y decidí esperar a ver que me deparaba el destino. Tiempo habría de tomar decisiones.
El viaje con mis compis por lo tanto estuvo marcado por la meditación, analizando toda aquella vorágine de acontecimientos que se me habían derramado encima sin previsión y ante los que solo cabía oponer tozudez, prudencia, pero tozudez. Quizá en esta fase gastara parte de la que me hubiera hecho falta al cabo de unas horas.
La llegada a Beasain fue balsámica para mí. El alcanzar los paisajes de Etxegárate, el saludo del Aizgorri... reparador. Allí pude reencontrarme con mi gran amigo Txemi, responsable de la logística en el polideportivo y que resultó un maravilloso anfitrión.
Tuve poco apetito, señal de que el cuerpo todavía no regía correctamente, pero seguí paciente, esperando que cada hora la cosa mejorara, como el brazo gitano que pude saborear.
Y comenzaron a llegar los amigos. Maider, Lurdes, Ramón, Maite.... y cada vez me fui encontrando mejor. ¡¡¡Que cojones, aquello merecía echar el resto como fuera!!!.
Recogida del dorsal, miradas de respeto en los voluntarios y de sincera admiración en los vecinos de Beasain (amigos eso no tiene precio, uno encuentra la recompensa a tanto esfuerzo entrenando).
Pudimos contemplar con sana envidia la salida de los "mayores" de la Ehunmilak a las 18:00 de la tarde, tomamos un café, despachamos los sanwiches y bocatas previstos y esperamos con impaciencia la llegada de nuestra hora.
Y llegó, llegó el momento donde nerviosos y emocionados pasamos el control de salida y nos metimos en la plaza del ayuntamiento, aquellos momentos los recordaré siempre, la exaltación de nuestro ánimo y los latidos de nuestros corazones ansiosos por comenzar, viviendo a tope aquel momento tan deseado.
Y comenzamos a correr, entre una fina lluvia que comenzaba a caer arrancamos los aplausos de cada persona que nos cruzámos, de cada cuadrilla que desparramaba en el comienzo de una noche de juerga, a buen ritmo, cargados de esperanza. Confiados y, sinceramente con buenas sensaciones después de la incertidumbre arrastrada.
Callejeamos, uno, dos, tres km y tuvimos que controlar nuestra euforia y nuestro ritmo para no pasarnos... hasta que de repente asaltamos una especie de parque merendero en una zona de monte y en una primera cuesta nuestras luces comenzaron a fabricar un rosario divino de nerviosos corredores. Esa entrada en el monte tampoco la olvidaré.
Atravesamos algunos caserios y pistas y atravesamos las pequeñas poblaciones en pleno festival de ánimos y aplausos. Todo iba viento en popa hasta que llegó el Txindoki.
Lo tengo claro, he de ascender esta montaña en el futuro de día, porque aquella noche me lo negó todo. Su disfrute, su magia, su cima, sus vistas, todo.
Su aproximación tuvo la forma de una especie de calzada romana, una camino entre piedra y barro donde comenzó a transformarse el paisaje y la realidad de la carrera. Aunque ya antes habíamos atravesado algún lodazal y habíamos bajado alguna pendiente estilo "arrastraculero", aunque habíamos tenido que utilizar los troncos de los árboles como referencia de freno en alguna bajada el Txindoki fue especial, único e inolvidable.
Es un monte que se deja dominar hasta los últimos 500 mts, un camino sepenteante donde se gana altura despacio y con comodidad, aquello parecía muy fácil, pero todo lo que nos puso de alfombra en su tramo principal lo tornó en alambradas en su tramo final.
Os juro que no me cansé del esfuerzo, no racaneé ni un gramo de fuerza en cada resbalón, en ningún momento cejé en mi voluntad de avanzar, pero os garantizo que aquella cima hizo todo lo posible para expulsarnos de ella. Un metro ganado era muchas veces 3 de retroceso por su húmeda y resbaladiza ladera. Y, cuando la hierba y el barro fueron vencidos aparecieron las piedras para rematar. Si subir fue épico, bajar se antojaba aterrador.
En serio, el momento en que el sufrido voluntario pudo dar constancia de nuesta cumbre la cara de la mayoría de los participantes se transformaba en un rictus de temor ante la conciencia de lo que les esperaba. Primero las piedras como agujas, después la deslizante campa. Un desafío fabuloso para todos los nervios, músculos y reflejos de cada uno de nosotros.
En este tramo agradecí especialmente la presencia de Fernando, fue mi referente ya que no podía compaginar la atención a no caerme y a las marcas al mismo tiempo y su guia me fue necesaria, en cuanto se me iba en la distancia solicitaba su ayuda. Mi camarada, mi compañero de trinchera de los Tercios de Flandes.
Sin su presencia en este tramo y el del Gambo yo lo hubiera pasado muy mal. Era consciente de que su experiencia en la montaña sería importante. No me equivoqué, fue vital para nosotros. Porque la zona del Gambo después del Txindoki fue una auténtica cueva de lobos. Frio, viento, niebla.... unas campas abiertas donde costaba encontrar las marcas reflectantes, donde avanzamos muy lentamente, donde las piedras volvian a emboscarnos esporádicamente. Personalmente estoy convencido que tuve un principio de hipotermia. Ya llevaba puesto todo lo que tenía: los manguitos, el chubasquero y los guantes, pero mis brazos se movían a libre voluntad en espasmos comumente denominados "tiritonas". No veía el momento de abandonar aquella inóspita zona, de comenzar a perder altitud y dejar atrás el gélido viento. En ese momento pensé por primera vez en dejar la carrera. Los elementos me lo estaban poniendo demasiado dificil y sinceramente, no estaba preparado un 17 de julio.
Pero me acordé de mi gran amigo Ppong y aquella frase: "hay que aguantar la noche, con la llegada del día, de la luz, todo vuelve a verse distinto". Se la trasladé a mis compañeros como báculo donde apoyarnos todos y surtió efecto. Comenzamos a descender, el cielo comenzó a perder oscuridad y el frio se marchó.
Esta es la parte que más disfruté, sentir el amanecer descendiendo por un cordal, descubrir las formas de los árboles entre la oscuridad, recibir al día y llegar a un maravilloso embalse a modo de lago, cubierto de bruma en las primeras luces el alba... allí resurgimos, nos sentimos fuertes, unidos y agradecidos de encontrarnos en aquel momento y en aquel lugar.
Vino una senda preciosa que transcurria por un cortado, con varios puentes y portalones de madera que había que atravesar y llegamos al reino de los hayedos. Sus majestades las hayas vistieron sus mejores galas para recibirnos, entre una tenue niebla, bosques mágicos, vastos e inolvidables que nos envolvían. Hicimos un alto y nos agrupamos.
Y llegó el momento vital. Hasta ese momento Luis andaba prudente y rezagado con Mikel, pero animado se empareja con Fernando y tiramos para delante. Miro, Mikel no viene. Como tantas otras veces decido esperar. Pero no contaba con que allí se abriría una brecha irreparable. Mikel se queda una y otra vez, su ritmo se vuelve relajado y aunque camino más que corro, a mi ritmo montañero en cuanto me descuido el hueco se abre y tengo que parar. En un par de ocasiones tiro, tiro con la idea de alcanzar a Fernan y Luis y pararles. Pero me tengo que frenar, me veo en terreno de nadie y no me atrevo a dejar a Mikel solo. Así que comienza a agobiarme la idea de estar "fuera de carrera", no en sentido cronometrado. Me refiero a comenzar a ser un lastre para los que van por delante. El terreno no da tregua. Continuas escaramuzas de barro y toboganes de patinaje y llega un segundo momento clave. En uno de esos toboganes donde me voy agarrando a los helechos y a las zarzas para aguantarme resbalo y en la caida me golpeo el brazo en una piedra. Entre el barro veo un hilo de sangre y me duele. Aquello me hace replantearme si merece la pena llegar ante los mios magullado, si ante lo que me espera saldré bien librado. Llamo por móvil y les digo que no pierdan más tiempo y que tiren.
Así con más pena que gloria, repletos de barro y con el zurrón de la moral bastante diezmado nos plantamos en Etxegárate. El final de mi aventura y el comienzo de mi desilusión. Allí nos esperaban nuestros compañeros.
Es dificil explicar todo lo que durante aquellos instantes pasó por mi cabeza. Como siempre no todo ni es blanco ni negro. Así que vivía un bullicio de sentimientos encontrados, antagónicos. A la decisión razonable de abandonar se oponía la deportiva de continuar. Mi cabeza me decía que no pasaba nada, era una decisión cabal y razonable. Pero mi corazón esperaba una mínima palabra, una pequeña señal que le obligara a continuar. Asumí con entereza lo que acababa de ocurrir, pero durante los instantes en que en el grupo se gestó la idea de continuar (o todos o ninguno) mi estómago se revolvió de ilusión.
No culpo a nadie, por supuesto. Personalmente fue una decepción no haber sido capaz de encontrar un pensamiento positivo que me hiciera continuar, algo a lo que aferrarme. Tan mentalizado como supuestamente estaba para tirar de épica, de garra. Yo, que me postulé como cabeza de grupo. Alma mater. Gigante con pies de barro.

Fue lo más duro. Desperdiciar toda aquella preparación, el viaje, el alcanzar el km 50 entero de fuerzas. La fragilidad no vino como temía por la piernas, vino por la cabeza. El pensar que se marchaba una ocasión única y no se sabe si irrepetible.
Se sacan lecciones de todo en la vida. Lo único y mejor que podemos hacer.
Hoy estoy convencido que nos faltó experiencia, se notó realmente que ninguno de aquellos cuatro amigos se habían visto en algo así. El grupo es vital si la carrera se afronta en grupo. Si no hay grupo en algún momento deja de haber carrera.
En cualquier caso, estoy orgulloso de mis tres compañeros. De alguna forma todos llegaron más lejos de lo que se les suponía, mucho más lejos que yo. Fue un honor compartir el fin de semana con ellos.
Un fin de semana, que a pesar de todo, será inolvidable y no solo negativo.

jueves, 12 de agosto de 2010

G2H El desenlace.

72 Horas señalaba en mi anterior entrada para el gran día, para la cita esperada.... sucedieron muchas cosas y durante la prueba otras tantas más y el resultado no fue el que yo había soñado.
Pero hay que hablar de la prueba en sí.
Un buen puñado de personas del Goierri decidieron trabajar para crear una prueba ultratrail en su comarca, tan agraciada por la naturaleza. A buena fé que se lo han tomado en serio.
Decir que la proporción era de 3 voluntarios por cada participante creo que ya es bastante esclarecedora. La afición, el entusiasmo, la sincera admiración que se siente en esta zona por los deportistas es palpable.
Baste comentar el sin fin de personas anónimas que en las horas previas al comienzo de la prueba nos animaron, preguntaron o aconsejaron gratuitamente mientras descansábamos sentados en un banco, paseábamos o tomabamos algún bocado.... Señoras, ancianos, madres con su carro de bebé, ¡suerte korricolaris!.
Todo un pueblo volcado, su calle principal cortada en un bullir de participantes y acompañantes venidos de muy distintos puntos. Primero los mayores con 167 km por delante que partieron a las 18:00 horas y a quienes pudimos jalear. Luego a las 23:00 los de la prueba corta 87 km (que se conviertieron en 91).
¡Y que decir de los voluntarios en los avituallamientos, en los controles de paso en medio de la niebla, personas que estuvieron 24-36-48 horas en pleno monte para guiar nuestros pasos!.
Y en todo esto un continuo y emotivo encuentro con mis amigos Zegameros: Txemi, Maider, Lurdes, Aldapa, Maite, Fernando, Justo, Mamen.... ellos me salvaron un fin de semana que comenzó cuesta arriba, al que logré tomar el pulso pero ante el que finalmente sucumbí....
Todavía hoy, más de un més más tarde me cuesta mantener un relato lineal. Los sentimientos me desbordan y como arritmias (que oportuno, por cierto) altero el tono de mis palabras y la cronología de los hechos. Así que, disculpadme los saltos y giros que esto pueda tomar.
Continuará...

martes, 13 de julio de 2010

3,2,1.....¡¡¡¡Yaaaaaaa!!!!

Bueno, a falta de 72 horas para el comienzo del más ambicioso de mis retos la ilusión y la impaciencia crecen por momentos. Ya comenté que se unen el desafío deportivo con el reencuentro de viejos amigos. Ambas cosas solapadas espero que consigan hacer de este fin de semana algo inolvidable para bien.
¿Nervios?. Decir que no sería mentir. Pero siento una mezcolanza entre ansia y relajación. Por un lado, las ganas de que llegue ya ese momento. Por otro la conciencia de que supondrá un impas en mi vida. El cierre de una etapa. Esto hace que al mismo tiempo lo desee y lo tema.
El ser humano es un ser complejo.
En este tiempo, desde mi última entrada tuve días de entrenamiento bárbaros donde me sentí invencible y otros donde dude de mis posibilidades. Tuve la oportunidad de acompañar durante unos km a alguno de los participantes del Gran Trail Peñalara y me llevé la lección de humildad al verles extenuados, agotados, dormidos despiés de 24 horas de esfuerzo, pero agradecidos, sonrientes y obstinados en llegar en la mayoría de los casos.
Somos 4 amigos los que tomaremos la salida. Un número gafe tras anteriores experiencias. Pero tampoco ninguna selección de futbol había sido campeona perdiendo su primer partido....
Estas últimas semanas el descanso obligado y la falta de tensión me han relajado demasiado en lo físico y me siento más torpe, con molestias y menos confiado. En cualquier caso es el camino adecuado y solo queda esperar el resultado.
No voy a cansaros más con mis reflexiones.Quiero daros las gracias por vuestro apoyo y presencia, público o anónimo. Sé que algunos estareis empujando en la distancia. No dejeis de hacerlo, cada gramo de fuerza, cada palabra de ánimo, cada pensamiento de expectación me será de mucha ayuda. Ninguno me va a sobrar.

jueves, 24 de junio de 2010

La pausa asturiana.

Este fin de semana pasado tuve la oportunidad de pasar el fin de semana en la querida Asturias.
Aunque el protagonismo se lo llevó la comunión de mi sobrina que fuimos a celebrar, encontre el ratín suficiente para darme uno de esos paseos que tanto me gustan, que me relajan, que me conceden paz y suponen una pausa en esta vida tan ajetrada.
Así que tempranito el domingo, antes del regreso, comencé la ascensión al alto del Acebo, entre la niebla y una brisa fresca. De regreso el Sol fue ganando terreno, haciendo que resultara una pausa gratamente agradable.
Os dejo algunas fotos.






lunes, 14 de junio de 2010

La carrera perfecta...(o casi).

La verdad es que estoy muy contento con este XIV MAM. No podían haber salido mejor las cosas vistas hace una semana por ejemplo.
Ayer en la linea de salida por primera vez pudimos estar los 7 Locos del Cerro (Alberto, Fernando, Ppong, Mikel, LuisAngel, Pepe y yo) a pesar de esguinces pasados, sobrecargas y, tristezas presentes.
Para comenzar en lo meteorológico un día perfecto para una prueba como esta, al record de Raúl García Castán me remito, que lo ha mejorado en 20' respecto al pasado año, aparte claro está, de la calidad propia de este campeón. Pero esta prueba con 20º o más, penaliza en minutadas el rendimiento de cada uno de nosotros.
Como digo el día amaneció cubierto y según subíamos a Cercedilla las dudas sobre la posibilidad de que acortaran el recorrido se afianzaban. Aunque parezca contradictorio esta es la peor noticia para un aspirante a superviviente a pesar del supuesto alivio kilométrico, nos priva de disfrutar de tramos de vistas bellísimas y de comprobar la supuesta capacidad de nuestro cuerpo. Por lo tanto el 99,99% de los presentes preferimos enfrenarnos al monstruo en su totalidad.
Poco antes de las 8, alternancia de claros entre las nubes y ya en la linea de salida la confirmación por parte de la organización de que de inicio el recorrido se afronta en su totalidad. Grito de guerra entusiasta al más puro estilo bárbaro.
Rostros afilados me rodean, la concentración ante lo que nos espera, los miedos y las ilusiones en acompasados latidos se suceden en nuestra mente a cada bombeo de sangre.
Y de forma natural comienza la prueba.Como vengo contando este año me decidí a intentar una prueba de las denominadas de Ultradistancia, 88 km en la zona del Goierri Guipuzkoano. Así que mi mente en este MAM no dejaba de enviarme mensajes de prudencia meditada, de frialdad y de capacidad de autocontrol, de pensar en el mañana. Evitar una posible lesión y guardar fuerzas y experiencia para el futuro.
He entrenado bien estas semanas pasadas, he realizado salidas de más kilómetros a las habituales que me han ido curtiendo en los ritmos lentos y me han dado resistencia. eso sí, manteniendo los habituales en cada semana (menos sesiones, más largas). En las últimas subidas por el Cerro sabía que me faltaba explosividad pero me sobraba fondo. Me he notado fuerte. Quería rendir bien, pero no quería vaciarme para mantener el ritmo en los próximos entrenos. Era fundamental no vaciarse.
Así que aprovechando las inclemencias meteorológicas que invitaban a ir bien pertrechado ante posibles imprevistos salí con la mochila en la espalda, con su liquido, alimento, chubasquero, guantes, manguitos... y, decidí utilizar los bastones telescópicos por primera vez en esta prueba, ideales para un ritmo relativamente tranquilo y un terreno resbaladizo. Sería la mejor de las pruebas de cara a la ultra, la propia competición.
Aunque la idea de inicio era la de marchar mayoritariamente agrupados, como siempre aquello se convirtió en un rosario. Inevitablemente en lo que era, en una carrera. Todos con sus motivos. Por quemar adrenalina y liberar tensiones, por juventud, por calidad, por evitar parones, por sacar una renta para el temido pinchazo final... Nos agrupamos en algún avituallamiento primero y ya no volvimos a coincidir hasta el final.
En mi caso me quedé en cola acompañando a mi buen amigo Pepe. Sería hipócrita decir que tan solo me quedé por ayudarle, que también, ya que era para mi una gran satisfación que terminara después de un par de intentos. Realmente su ritmo era mi mejor entrenador, mi mejor aliado. Como decía hace un par de entradas ese "Más deprisa es más despacio" me persigue y estoy totalmente mentalizado en llegar al tercio final de cada salida en las mejores condiciones posibles.
Subimos Peñalara guardando y manteniendo una distancia prudencial con nuestro predecesores, especialmente con Luis y Mikel. Y empecé a dar rienda suelta a mi felicidad animando a cada corredor que me cruzaba ya de vuelta y a los que sobrepasaba en mi búsqueda de la cima de Madrid. Emotivo fue el abrazo que pude pegarme con Luisete (gran corredor de la Granja) que se encuentra saliendo de una lesión y que aprovechó para entrenar por la zona y ver la prueba.
Pasamos el maldito lugar donde Pepe se dejo el tobillo el pasado año con los 5 sentidos puestos, bien cerca para agarrarle del brazo al menor traspiés (afortunadamente sólo pasó una vez) y nos fuimos en búsqueda del tubo de cabezas.
Es curioso pero en la primera mitad de esta subida no me encontraba excesivamente bien, incluso comparado con el año pasado que hicimos un subidón Alberto y yo, creo que peor. Pero en el meridiano de la misma y tal vez por darle un poco más de caña a las piernas al ver a Luis y Mikel por delante todo fue como un reloj. Llegué hasta ellos fácil para ver que tal iban y animarles y de nuevo me dejé atrapar por Pepe. En este tramo Pepe fue donde peor lo pasó, todo gel y trago al bidón le era poco. El cansancio sumado a la prudencia en la subida y el temor a la bajada obligaba a esporádicas paradas. Pero pasó y enfilamos Valdemartín.
Fue ya casi en la cima de este punto donde de nuevo divisé a la pareja que iba por delante y de nuevo me lanzé a su búsqueda. Por un lado me sentía agobiante con Pepe con mis continuos giros de cabeza en su búsqueda y mis paradas en su espera. Por otro mi motor estaba funcionando perfectamente y rugía suplicando alguna licencia.
Le dije a Pepe que me iba en busqueda de nuestros compañeros y que en algún avituallamiento próximo le esperaría.
Así les alcancé, les animé, me metí un poco con ellos y seguí a Navacerrada donde esperaba que hubiera algunos compañeros del club que nos dijeron que igual nos acompañaban hasta meta. Un alegrón al encontrarme con tres de ellos pero ninguno de corto.Subidón al ver a los compañeros del Castillo, llegan Mikel y Luis, avituallan, hablamos y me dicen que prefieren no parar demasiado, que prefieren seguir.
Este fue el peor momento del día cuando a mis ansias por lanzarme pletórico a meta le amarraba la responsabilidad moral adquirida con Pepe que venía por detrás.
Egoistamente habría deseado que cualquiera de los amigos que esperaban, o que Mikel o LuisAngel se hubieran ofrecido a realizar la parte final contigo. Pero tras unos instantes de duda, pensando que lo más dificil ya estaba hecho arranqué, el ansia me pudo (mil disculpas Pepe).
Si no había esperado a mi compañero durante 33 km no iba ya esperar a nadie y me lancé dando rienda suelta a mis piernas que durante toda la bajada no dejaron de dar alcance uno tras otro a varios corredores, sin piedad, compartiendo 1 o 2 km con alguno y apenas una ráfaga de aire con otros, salpicándome del agua fresca en cada vadeo del arroyo Navalmedio. Mostrándome la fuerza acumulada. No puedo decir lo que tardé en hacer esos 7 km porque el fore me lo dejé parado en el avituallamiento, pero tan suelto, fuerte y fácil no he bajado ningún MAM.
Me lo dediqué a mi, por loco, por tozudo, por megasuperviviente como forma de crecerme ante lo que me espera.
Después en meta tras los primeros momentos de alegría al encontrarme con los adelantados y ver como iban llegando Mikel y Luis, la congoja y el anhelo de que apareciera Pepe por fin para completar la alegría (o aplacar mi conciencia supongo). La idea de que sufriera algún percance desde mi marcha me atormentaba. Por suerte hubo pleno, 7 de 7 merecidos y esforzados supervivientes vencieron al Maratón Alpino Madrileño 2010.
Para finalizar, os dejo las principales conclusiones técnicas, anímicas y logísticas de ayer.
- La temperatura fue extraordinaria para una prueba de larga duración.
- Los palos me acompañarán sin duda el día 16. No sólo me ayudan en parte del recorrido sino que me "estorban" lo suficiente para lograr un ritmo adecuado que sin ellos sería más de carrera que de travesía. Me trasladan esa mentalidad de caminante y es la que necesito.
- Los manguitos de ciclista, que usé por primera vez son una maravilla, más calidos que una fina camiseta cuando los alzas y fácil de bajar cuando no hacen falta.
- Avituallarse bien, con calma en cada puesto, fundamental. Los productos que empleé (una barrita de la marca mulebar y unas gominolas de powerbar) ya están preparados para el Goierri.
- Tengo que terminar de encontrar una camiseta que me ajuste el cuello de forma que no me roce el tirante de la mochila en los vaivenes.
- Mi planteamiento táctico perfecto. Las piernas calientes y la mente fria. Hay que llegar con fuerzas al último tercio de la prueba.
- Puede ser que para alcanzar la perfección tan solo le faltara una gran marca. Puede ser el único pero, o el casi. Probablemente el domingo podría haber hecho la mejor de mis marcas en este recorrido del MAM, pero este año no tocaba. La 15 edición ya espera.
Para acabar os dejo la foto que gracias a Alberto por el soporte y a Arturo por el pulso nos hicimos en meta poco antes de recogernos a casa.
La historia continua en la G2handiak.....