jueves, 5 de junio de 2014

Una mayoría de edad.

 Este 8 de junio se cumple la XVIII edición del Maratón Alpino Madrileño, "mi carrera", aquella que justamente un 8 de junio de hace dieciocho años se convirtió en una loca aventura que perdura.
Porque tengo claro que lo que hoy soy como corremontes se lo debo al veneno que aquella experiencia inoculó en mi. La ilusión de esperar la segunda edición para volver a afrontar aquel reto marcó mi futuro correril.
El MAM es una carrera con carácter. Seguro que hay carreras más bellas, más duras, más técnicas y que dejen más poso en los finisher. Pero es innegable que el MAM tiene personalidad propia. Esa subida y bajada por la pista de esquí a Guarramillas, las lomas del Noruego, la cima de Peñalara y especialmente esos tubos de cabezas en sus dos variantes ascendidas en estos años no dejan indiferente a nadie. Cada tramo tiene valía por si mismo y tiene su particular hábitat de montaña.
A mi me gustaba enormemente el tramo de la Laguna de los pájaros y también la dureza mental que suponía el camino smichd cuando eran los últimos kilómetros de las primeras ediciones. Pero entiendo que el apoyo y la infraestructura que presta una población como Cercedilla es importante para la prueba.
En mis recuerdos están también aquellas ediciones que se recortaron por borrascas tardías que dejaron nevadas y frío en pleno junio. Aquella cima de Peñalara con -3º. Inevitable recordar momentos de gloria y de penurias. Hubo en este tiempo algunas caídas, algún esguince serio, varias peticiones a mi santa en meta de que "no me dejara volver al siguiente año", euforia y cansancio. Un momento importante fue la décima edición donde tenía decidido dejarlo y es probable que lo hubiera hecho de no ser un quiste de backer en el plopíteo que me hizo empecinarme. ¿Para que iba a renunciar voluntariamente si cualquier día una lesión, una gastroenteritis o una inoportuna boda me lo impediría?. 
Puedo presumir de haber compartido km con un montón de corredores, tener siempre una palabra de ánimo para quien me adelanta y para quien sobrepaso. De haber cruzado la meta de la mano de amigos habituales y de desconocidos hasta aquél día. Y sobre todo de haber transmitido la emoción de esta carrera a muchos compañeros de entreno que han probado su grandeza. De alguna manera he bautizado un buen puñado de "MAMones" jeje.
Con todo esto, y el puñado de años que supone sumar 18 a cualquier edad de partida que uno pueda suponer estaré de nuevo el domingo en la linea de salida, dispuesto a sobrevivir una vez más. 
¡¡Aúpa MAM!!.


jueves, 27 de febrero de 2014

Soñando Zegama.

Mañana es el día del sorteo de Zegama y algunos sueños se cumplirán. Un puñado de afortunados tendrán la ocasión de disfrutar de la que para mi, es la mejor carrera de montaña que he conocido y, estoy seguro una de las mejores que se celebran en todo este planeta.
Yo, he tenido la fortuna inmensa de disfrutar de semejante evento en más de una ocasión. Desde la intensidad de  la competición luchando contra el crono, a la tranquila e imborrable de acompañante, o la responsabilidad de corredor escoba.
Bien sabéis mis amigos lo que aquellos bosques y aquellas gentes significan para mi. Lo unido que me siento a pesar de la distancia. El peso que tiene en mi vida como corredor. La paz que aportan a mi espíritu sus recuerdos.
Alguno de vosotros puede ser mañana tocado por el destino.
Alguno de vosotros sentirá el nudo en el estómago de la responsabilidad horas antes. Se verá absorto en el devenir junto a la iglesia de un puñado de los mejores corredores del planeta. Emocionados durante la presentación de la carrera. Nerviosos ante la necesidad de conciliar el sueño la noche previa. 
Todo un pueblo volcado en su carrera. Volcado en vosotros. Sentiréis sus miradas de orgullo propio y de admiración sincera hacia vosotros.
Ellos aman su tierra. Ellos saben bien a lo que os enfrentáis.
Porque de buena mañana el Aizkorri se presentará majestuoso ante vosotros, posiblemente cubierto de niebla. La mañana fresca y húmeda. Da igual. Nada os va a impedir disfrutar de aquello que tanto habéis deseado. 
Todo comienza con esa fabulosa vuelta a la población, escaparate para recibir el aliento y los vítores del público y de paso calentar apenas las piernas. Cumplida la cual, llega la primera subida importante donde cuesta enfriar la cabeza y no dejarse llevar por la manada.
Así poco a poco, entre barro, charcos y piedras lisas vamos alejándonos de la población dejando atrás algún caserío para adentrarnos en sendas y pistas que nos conducen a Otzaurte. Acaba el calentamiento y comienza la carrera. Entre sendas y prados vamos ascendiendo. Allí donde caliza, musgo y hojas secas se funden, poco antes del último tramo de ascensión al Aratz hallaréis una hondonada mágica y mullida donde uno querría detener el tiempo. 
Tras la zona pedregosa la cima y tras ella la búsqueda de las praderas de alta montaña. Un horizonte verde y plata. Aquí ya lleváis la adrenalina disparada, barruntáis la marea humana posterior a la misticidad del paso por la ermita. 
En Santo Espíritu cargareis las pilas y tomaréis la escalera hacia el cielo que forman todas las  personas que os esperan animando a modo de balaustrada donde apoyaros hasta alcanzar la gloria del Aizkorri con su pasillo humano y las voces, con un nudo en la garganta. El Olimpo de los corredores de montaña.
Fabulosa crestería caliza, inolvidable bajada de Ostiagorri para llegar a un tramo donde jugaréis al escondite con quienes os preceden y con quienes os siguen. Un veo y no veo. Toboganes, giros, piedra, troncos... para vislumbrar un paraíso tricolor de verde, plata y azul  en las campas de Urbía. Andraiz, ese último esfuerzo que nos sale del alma aunque la llevemos partía y ya sólo queda bajar. Encontrando gnomos en rincones espectaculares. Donde el musgo cubre cada milímetro de roca, donde la alfombra de hojarasca y barrillo nos encauza hasta la población de nuevo. Para entregarnos totalmente al deleite y a la locura. Para sentirnos plenamente únicos, especialmente afortunados. Cada gota de sudor vertida en el esfuerzo la Zegama nos la devuelve con creces en forma de vida y eso, no os quepa duda, os acompañará ya para siempre.
Suerte amigos.

lunes, 10 de febrero de 2014

Esa bruma sobre el agua.

Hay momentos que son especiales, casi mágicos. Aquellos que por una u otra razón quedan grabados en nuestra memoria y provocan sentimientos en nuestra alma.
Hoy he rescatado uno de esos momentos especiales de mi memoria.
Aquel en el que cuatro amigos en un mes de julio, en un paraje de Euskadi durante unos minutos sintieron paz y emoción tras la tormenta.
Después de una noche de perros, calados, magullados, después de numerosas caídas, de decenas de resbalones. De una heladora noche, de la niebla y el desánimo, de pronto, ante nosotros recuerdo un remanso de calma en modo de pequeño embalse o laguna, con la bruma sobre el agua en las primeras horas del día. Aquella visión nos sobrecogió y nos embaucó. No pudimos evitar parar, arrebujar nos y hacer piña para traspasarnos fuerzas y ánimo. No pudimos evitar pensar que lo peor ya había pasado. No pudimos evitar sentirnos poderosos, invencibles. Fue como digo, un momento mágico e inolvidable. Recuerdo además que posteriormente vino acompañado de un precioso tramo que discurría por una cornisa que iba atravesando pequeños puentes y puertas de madera. Los cuatro mosqueteros en plena búsqueda de la gloriosa ultra distancia.
Después, volvió nuevamente la brega contra los elementos en forma de barro, lluvia, cansancio y desánimo. Logrando quebrar la voluntad de dos de nosotros.
Cuando las cosas no salen como uno quiere. Cuando se suceden las malas noticias, el desánimo. Cuando las rachas vienen torcidas. Cuando uno yerra. Siempre hay un instante bueno. Algo a lo que aferrarse.
No olvidemos esos instantes mágicos. Dentro de la tormenta. A pesar de la tormenta, seguro que hay algo bello que recordar. Algo emocionante que sentir. Algo nuevo que aprender. Algo interesante que contar. Algo que nos hace sentir vivos. Algo que nos hace revivir.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Pequeños objetivos personales.

Como ahora estoy en periodo de recuperación toca buscar un poquito de motivación en forma de proyectos ya que las piernas no dan para demasiadas satisfacciones. Toca pensar un futuro mejor y tener decidido que harcer con el cuando llegue. 
Para esto no hay nada mejor que buscarse algunos pequeños objetivos o proyectos que estimulen nuestro deseo de alcanzarlos. Así será más fácil vencer al desánimo.
Por lo pronto me he planteado un entrenamiento específico en solitario para encontrar los ritmos y los terrenos que el cuerpo o mi ánimo me pidan. Unas veces adaptado a ellos otros en clara rebeldía porque sí, porque hay que espabilar los músculos y el espíritu.
Pequeñas victorias, sencillas que nos empujen a la siguiente zancada.
Pero, como decía a modo de estímulo he decidido buscar un grupito de pequeñas o medianas rutas, cercanas a mi, conocidas en algunos casos o nuevas en otras ocasiones. Con el espíritu de recorrerlas en solitario o en compañía de algún eventual amigo distinto cada una. 
Estas son algunas posibilidades:
Seguro que hay muchos tanto o más interesantes que estos. En general he buscado recorridos asequibles de 10 a 20 km, excepto el del embalse de Santillana que calculo de unos 30 realizándolo desde Manzanares y la mayor parte de ellos sin cotas demasiado elevadas para evitar las complicaciones del hielo o la nieve.
En fin, una pequeña forma de mantener el ánimo algo más elevado.

martes, 26 de noviembre de 2013

Entreno solitario y tratamiento de lesiones.

Cuando uno esta lesionado. Cuando sufre molestias que no le permiten desarrollar su zancada habitual o más aún, cuando estamos recuperándonos de una lesión severa el entrenamiento en solitario considero que es no sólo aconsejable, sino necesario.
Entrenar en grupo es ideal cuando estamos en plena forma. Por exceso y por defecto. Unas veces porque nos obliga a forzar en pos de quien nos precede logrando mejorar nuestra potencia y resistencia. Otras porque nos "calma" ralentizando nuestros ritmos cuando nuestras piernas piden batalla pero nos adaptamos al ritmo del conjunto.
Pero, cuando el físico no acompaña, hacer los kilómetros que necesitamos, al ritmo que nuestro cuerpo requiere, con las pausas que sean precisas es lo aconsejable.
Pasa que en las salidas grupales, la ruta y el ritmo no siempre lo elegimos nosotros. Es muy difícil sinceramente renunciar a completar lo que los demás realizan. 
Así sucede que vamos forzando. Que renunciamos a darnos la vuelta cuando nuestras sensaciones no acompañan. Que es imposible parar a realizar un estiramiento que nos pide el cuerpo a riesgo de perder a quien nos precede.
Puede ser ocasionalmente más aburrido, pero a veces es lo que toca, lo debemos asumir y, realmente nos vendrá bien.


domingo, 17 de noviembre de 2013

Búsqueda.

Aunque en algún momento he dudado entre acudir a la quedada del grupo o salir en solitario lo tenía claro, era algo que necesitaba. Necesitaba escuchar mi cuerpo, sentir el monte y sacar mis pensamientos. 
Salir en grupo es divertido. La doble A está presente en mi día a día, pero hoy tocaba otra cosa. Sensaciones propias, ritmos propios.
Dejo el coche en la Fonda Real y me pongo en camino. La temperatura 1º centígrado y nieve húmeda cayendo del cielo.
Me pongo en camino por la pista que discurre paralela a la carretera que finaliza en el embalse del Navalmedio. Me acompañan una pequeña mochila y mis palos de senderismo. Para mi, acarrear los palos suponen un chip instantaneo de ritmo trailero, justo lo que necesito hoy. Chip de "montañero" arraigado en muchos días de paseo por tierras asturianas. Los palos me dan la fuerza suplementaria para afrontar las subidas y me ralentizan lo suficiente en las bajadas como para no comportarme como un alocado runner.
Así, con ese discurrir poco a poco voy cogiendo ritmo. El que mis piernas necesitan. El que desde unos meses atrás a esta parte no termino de encontrar desde la lesión que sufrí días antes de Zegama.
¿Será hora de parar?. Puedo considerarme afortunado. Desde 1989 mis zancadas han discurrido día trás día. Atrás han quedado esguinces, periostitis, un quiste de backer, alguna sobrecarga y... ¡poco más!. Cuando vuelvo la mirada soy consciente de que realmente poco me puedo quejar. Aún así, estamos tan acostumbrados a disfrutar con la intensidad de nuestro esfuerzo que sentirnos membrados de facultades nos afecta enormemente.
Los años no pasan en balde. Nuestra capacidad de recuperación disminuye. El desgaste físico y mental... ¿merece la pena seguir al 40, al 60 o al 80%?. Esa pregunta cada vez acude con mayor frecuencia a mi interior y cada vez me cuesta más contestarla.
Pero aquí estoy hoy buscando respuestas. Dejo la puerta que impide el paso del ganado cerrándola trás de mi y giro a mi derecha para comenzar la subida que me llevará al Ventorrillo. Me giro para disfrutar de la imagen del embalse recibiendo los copos y continuo el ascenso por el desvío de la izquierda que poco más tarde se convierte en una estrecha senda de zetas que es una trailera conocida como el carril del miedo. Las jaras y la retama dejan en mis piratas sus depósitos de nieve. El paisaje se vuelve más bonito a cada zancada, a cada metro de altitud ganado.
Ventorrillo. La nieve ha pasado a ser polvo desde hace un rato. Me encamino hacia el camino del Calvario con la idea de bajar por el árbol encadenado. En uno de los giros de repente un emocionante encuentro con tres jóvenes corzos. Los dos primeros trepan rápido pendiente arriba. El tercero queda unos segundos detenido, igual que yo en ese instante. Nuestras miradas se sostienen, ambos nos sentimos seres de la montaña en esos instantes hasta que el animal ágil y raudo sigue a sus compañeros. Respiro aire profundamente y reanudo mi camino.
Cuando llego al desvío del árbol encadenado decido seguir un tramo. Me encuentro bien y apenas llevo algo más de 4 km. Decido seguir la subida hasta los 5. Ahora piso ya una capa de unos 10 cm de nieve en algunos momentos. Escucho el crujir de los cristales de agua en mi avance. Subo hasta el final de la pendiente, justo cuando se gira a derechas y hay un pequeño claro que precede al comienzo del camino con sus tapas de canalización. Ha parado brevemente de nevar. No se escucha sonido alguno. El viento ha amainado. Todo es quietud, silencio. Saboreo nuevamente estos instantes.
¿Soy un empecinado al continuar saliendo en estas condiciones físicas?. ¿Parar totalmente es la solución?. En todo este tiempo aflojar, moderarse, siempre fue suficiente. Aprendí a convivir con molestias y mi cuerpo se adaptó a las circunstancias. ¿Pero será siempre igual?. ¿Es esta vez diferente? ¿cuál es la profundidad de la herida?. ¿Tiene remedio?.
Vuelvo sobre mis pasos. Disfrutando de la moderada pendiente de bajada. Me reencuentro con mis propias pisadas. Me muestran una zancada regular y alegre, Pero sobre todo firme, profunda. Quizá esas mismas zancadas me esten dando la respuesta. O al menos el camino. Si me llevaron hasta aquí como dice mi compi del alma quizá no sea "tiempo de dudas".
Alcanzo enseguida el desvío del árbol encadenado y desciendo utilizando los palos como freno en una pendiente más pronunciada. Me cruco con unos paseantes que ascienden y me dirigo al rio. Esta vez decido no mojarme los pies y eligo cruzar por el viejo campamento y el puente de madera. A poco de coger la senda la montaña me responde. Lo hace mostrándome una paleta de colores verdes de musgo, ocres de helechos secos, marrones de hojas, blancos de nieve, grises de piedra... el rumor del agua me traslada la respuesta que el viento amplifica. Me detengo en un rincón del bosque, escucho y contesto ¡¡¡Prisiiiiiiiiii!!! grito con todas mis fuerzas, como buscándome a mi mismo. Dichoso de haberme encontrado.
El sendero discurre paralero al pequeño cauce, una continuidad de pequeños toboganes repletos de troncos caidos, piedras con musgo, hojarasca, todo ello manchurreado de nieve. Es por esto que estoy aquí. Es esto lo que me llevo hasta aquí. Es esto lo que hará que no me rinda. Porqué no todo es ponerse un dorsal. No es sólo competir. No es necesario darlo todo cada día. Tan sólo se trata de formar parte. En la medida de tus posibilidades. Deprisa o despacio. Sentir, vivir, latir con cada giro del camino, con cada viento racheado y disfrutarlo, no por hacerlo mejor o peor, sino por formar parte de ello.
Así continuo descendiendo hasta la salida del embalse. Nuevamente me detengo para respirar profundo y admirar el paisaje. Tomo unos metros de carretera hasta tomar el primer desvío ancho que sale a la izquierda donde enlazo con la pista. Desde aquí al coche un discurrir tranquilo. Sosegado, pleno de paz.
Estoy muy contento. Apenas son las 10 de la mañana y ya le he sacado mucho a este día. 

Track de hoy


martes, 12 de noviembre de 2013

A mal tiempo...

Aunque la recuperación de la lesión no va todo lo bien que yo quisiera.
Aunque me toque como en la canción ir "un pasito p'alante María, un pasito p'atrás".
No dejo de pensar objetivos e imaginar escenarios más favorables donde no sólo disfrutar de este deporte, sino de esta forma de vida en todas sus vertientes. A tope con la Doble A.
Cuesta. cuesta horrores vencer el desánimo que logra eventuales victorias como la de esta tarde. Pero la llama sigue viva en mi interior y precisa leve yesca para prender con fuerza. 
Mi cabeza bulle cuando mis piernas descansan. Y cuando estas se recuperen espero que logren estar al nivel que mis sueños muestran.