
El domingo vuelvo a la competi. Al esfuerzo agónico, a la fiesta del atletismo popular, a la doble A con viejos conocidos y compañeros anónimos con los que compartiré un número indeterminado de minutos, de kms.
Y como tantas otras veces la semana planteando la carrera. Visionando el circuito, cargandome de sensaciones positivas para afrontar la prueba y, con alguna que otra inevitable duda.
¿Que hacer?.
¿Plantearme un objetivo ambicioso, confiando en la capacidad extra de motivación que nos provoca la carrera, exprimiendo la ración suplementaria de adrenalina y rendimiento que nos supone un dorsal y la competencia con otros atletas o , amparado en las sensaciones de los últimos entrenamientos largos cargarme de prudencia y, realizar una carrera fria y metódica donde el objetivo sea dosificar cada gramo de mis fuerzas?.
No me asusta ni condiciona ninguna de las dos posibilidades, a estas alturas de mi vida soy capaz de asumir y disfrutar ambos planteamientos.
Primera opción salir a un ritmo de 45' los primeros 10,5 km aprovechando su perfil más favorable para intentar mantener el mejor ritmo posible en la segunda mitad y cerrar el crono lo más próximo a la hora treinta posible. Riesgo, el desfondamiento y hundimiento en los últimos 3-4 km. Posibilidades, levantar el pie en el momento de no poder asumir el ritmo y dosificar desde ese momento.
Segunda opción, salir a un ritmo de 47-48' los primero 10,5 km conservando fuerzas para poder en la segunda mitad mantener y terminar, si es posible, los ultimos kms con la fuerzas suficientes que me dejen cerca de un crono lo más inferior a la hora treintaicinco posible. Riesgo, desaprovechar la ocasión de realizar un test real, quedar con la duda de que habría poder hecho con otro planteamiento. Posibilidades, apretar en la segunda parte, llegar fuerte al final y terminar con buenas sensaciones.
Ser osado o racional.
No tengo actualmente la confianza ni la seguridad de otras épocas. Pero el dilema no me es desconocido.
La respuesta el domingo.
Y como tantas otras veces la semana planteando la carrera. Visionando el circuito, cargandome de sensaciones positivas para afrontar la prueba y, con alguna que otra inevitable duda.
¿Que hacer?.
¿Plantearme un objetivo ambicioso, confiando en la capacidad extra de motivación que nos provoca la carrera, exprimiendo la ración suplementaria de adrenalina y rendimiento que nos supone un dorsal y la competencia con otros atletas o , amparado en las sensaciones de los últimos entrenamientos largos cargarme de prudencia y, realizar una carrera fria y metódica donde el objetivo sea dosificar cada gramo de mis fuerzas?.
No me asusta ni condiciona ninguna de las dos posibilidades, a estas alturas de mi vida soy capaz de asumir y disfrutar ambos planteamientos.
Primera opción salir a un ritmo de 45' los primeros 10,5 km aprovechando su perfil más favorable para intentar mantener el mejor ritmo posible en la segunda mitad y cerrar el crono lo más próximo a la hora treinta posible. Riesgo, el desfondamiento y hundimiento en los últimos 3-4 km. Posibilidades, levantar el pie en el momento de no poder asumir el ritmo y dosificar desde ese momento.
Segunda opción, salir a un ritmo de 47-48' los primero 10,5 km conservando fuerzas para poder en la segunda mitad mantener y terminar, si es posible, los ultimos kms con la fuerzas suficientes que me dejen cerca de un crono lo más inferior a la hora treintaicinco posible. Riesgo, desaprovechar la ocasión de realizar un test real, quedar con la duda de que habría poder hecho con otro planteamiento. Posibilidades, apretar en la segunda parte, llegar fuerte al final y terminar con buenas sensaciones.
Ser osado o racional.
No tengo actualmente la confianza ni la seguridad de otras épocas. Pero el dilema no me es desconocido.
La respuesta el domingo.