El 21 de junio se celebra la 13ª edición del Maratón Alpino Madrileño y hoy me he enterado de una gran noticia, se producirá el regreso de la ascensión por los Tubos de Cabezas de Hierro.El MAM 2009 desde hoy es otro MAM. Porque esta es realmente una subida que no deja indiferente a nadie, por el desnivel ganado en menos de un kilómetro, por la ausencia de sombra, por la hora en la que se atraviesa. ¡Ay como el sol apriete ese día!.
Y con ella el regreso del avituallamiento pirata en su cumbre, esa llegada donde la bandera de la calavera se agita a modo de saludo, donde tienes la misma sensación que la de un naúfrago que tras un penoso esfuerzo llega a la orilla... una bandera que trasladó su saludo a Peñalara estás últimas ediciones pero, sinceramente, allí se llegaba en motora y a Cabezas se llega a nado y extenuado.
Cuantos recuerdos, sensaciones y experiencias vividas. Arrancar desde Cotos por la carretera hacia Valdesqui, un kilómetro de asfalto que se hace extraño cuando ya llevamos un par de cimas pisadas, el desvio a izquierdas donde al poco atravesamos una pradera que suele estar húmeda de las lluvias y deshielo, traicioneramente suele provocar más de un resbalón. El paso del puente sobre el rio Eresma para adentrarnos en un pinar cuya ladera atravesamos para desembocar en una torrentera repleta de piedras y ramas arrastradas por el agua. Torrentera en la que nos meteremos para ir cruzando de una vertiente a otra durante un rato para coger el margen derecho finalmente y comenzar a resbalar por su gastada superficie. Donde un paso adelante a veces trae dos a
trás porque el terreno cede y la gravedad cumple su ley, donde el oxígeno comienza a faltar y al mirar hacia arriba no se adivina el final, siquiera la cima. Así durante un largo rato pleno de esfuerzo, acompasando paso, latidos y respiración llegamos a la zona de canchales donde se suman al esfuerzo, equilibrio y, escalones de piedra que obligan a tirar de brazos, riñones y fuerza de voluntad.
Ya comenzamos a vislumbrar un descansillo previo a la última rampa, no hay conversación, no hay sonrisas, sólo anónimo sufrimiento y humilde esfuerzo de cada participante por alcanzar esa bandera que empezamos a otear. Y, así arrastrados por nuestras piernas y empujados por los ánimos de los bucaneros que atienden aquel puesto de avituallamiento donde han tenido que acarrear en sus mochilas todos los litros posibles de agua logramos extraer una sonrisa de nuestra alma. De agradecimiento primero hacia ellos, de satisfación personal después. No parecía posible llegar pero estamos allí.
Bebemos, respiramos y con nuestro mejor ánimo y muchas fuerzas menos, arrancamos hacia el nevero que nos dejará a pies de la cima de Cabezas de Hierro. Coronamos ,admiramos Peñalara, la cumbre hermana que dos horas antes hemos visitado y con sentida emoción continuamos nuestro camino.
Para finalizar y suponiendo la autorización de mi gran amigo Ppong, cuelgo una secuencia de las fotos de su llegada al avituallamiento en el MAM del 2004. Merece la pena apreciar el vértigo que permite imaginar la pendiente que queda trás él cuando no se aprecia más horizonte que el de Peñalara quedando al otro lado del valle y, lugar del que venimos. Y, su rostro resume perfectamente lo que acaba de vivir durante esos últimos 50' aproximadamente.
A mí, sinceramente me pone los pelos como escarpias.


Y con ella el regreso del avituallamiento pirata en su cumbre, esa llegada donde la bandera de la calavera se agita a modo de saludo, donde tienes la misma sensación que la de un naúfrago que tras un penoso esfuerzo llega a la orilla... una bandera que trasladó su saludo a Peñalara estás últimas ediciones pero, sinceramente, allí se llegaba en motora y a Cabezas se llega a nado y extenuado.

Cuantos recuerdos, sensaciones y experiencias vividas. Arrancar desde Cotos por la carretera hacia Valdesqui, un kilómetro de asfalto que se hace extraño cuando ya llevamos un par de cimas pisadas, el desvio a izquierdas donde al poco atravesamos una pradera que suele estar húmeda de las lluvias y deshielo, traicioneramente suele provocar más de un resbalón. El paso del puente sobre el rio Eresma para adentrarnos en un pinar cuya ladera atravesamos para desembocar en una torrentera repleta de piedras y ramas arrastradas por el agua. Torrentera en la que nos meteremos para ir cruzando de una vertiente a otra durante un rato para coger el margen derecho finalmente y comenzar a resbalar por su gastada superficie. Donde un paso adelante a veces trae dos a
trás porque el terreno cede y la gravedad cumple su ley, donde el oxígeno comienza a faltar y al mirar hacia arriba no se adivina el final, siquiera la cima. Así durante un largo rato pleno de esfuerzo, acompasando paso, latidos y respiración llegamos a la zona de canchales donde se suman al esfuerzo, equilibrio y, escalones de piedra que obligan a tirar de brazos, riñones y fuerza de voluntad.Ya comenzamos a vislumbrar un descansillo previo a la última rampa, no hay conversación, no hay sonrisas, sólo anónimo sufrimiento y humilde esfuerzo de cada participante por alcanzar esa bandera que empezamos a otear. Y, así arrastrados por nuestras piernas y empujados por los ánimos de los bucaneros que atienden aquel puesto de avituallamiento donde han tenido que acarrear en sus mochilas todos los litros posibles de agua logramos extraer una sonrisa de nuestra alma. De agradecimiento primero hacia ellos, de satisfación personal después. No parecía posible llegar pero estamos allí.
Bebemos, respiramos y con nuestro mejor ánimo y muchas fuerzas menos, arrancamos hacia el nevero que nos dejará a pies de la cima de Cabezas de Hierro. Coronamos ,admiramos Peñalara, la cumbre hermana que dos horas antes hemos visitado y con sentida emoción continuamos nuestro camino.
Para finalizar y suponiendo la autorización de mi gran amigo Ppong, cuelgo una secuencia de las fotos de su llegada al avituallamiento en el MAM del 2004. Merece la pena apreciar el vértigo que permite imaginar la pendiente que queda trás él cuando no se aprecia más horizonte que el de Peñalara quedando al otro lado del valle y, lugar del que venimos. Y, su rostro resume perfectamente lo que acaba de vivir durante esos últimos 50' aproximadamente.
A mí, sinceramente me pone los pelos como escarpias.




























