martes, 23 de marzo de 2010

Hidalgo eterno.

La bruma abrazaba pasionalmente las aguas del rio Escalda, tres días ya donde apenas podían ver más allá de un par de metros. Pero no necesitaba verlos para saber que aquellos franceses estaban allí. A ratos mudos, a ratos confiados en relajada conversación.
Las órdenes habían sido claras por parte de Don Juán, tomar Valenciennes como fuera. A pesar del hambre, a pesar del frio, del desánimo y del mal fario que llevaba rondándoles de un tiempo a esta parte. Todo por un ducado de paga al mes que desde hace 18 nunca llegaba.
Grijalvo es castellano recio, de estatura media, enjuto y fibroso. De mostacho que clarea fruto del paso de los años y pelo escaso. Pero no hay mejor compañero de armas que este veterano soldado, curtido en mil batallas, vivaz de mirada y rápido de reflejos. Mejor de tu lado que de frente decían sus compañeros de Tercio. El compañero que todos querrían tener guardando la espalda o abriendo camino. Recio de espíritu y humilde de carácter. Un auténtico compañero.
El chambergo rasgado de arrastrarse entre la maleza contenía los restos del último rancho que le quedaba, apenas unas hebras de bacalao curado y reseco y unas cortezas de pan. Las proteinas no las cataba desde aquel lagarto que asaron hará una semana. Pese a todo ni una queja. Allí Don Juan de Austria estaba con ellos, sufriendo las descargas artilleras francesas y, como hidalgo español , todavía el honor era más fuerte que el hambre.
Llegaba el momento, la noche negra ante una Luna desertada. Una encamisada más en busca de la muerte o la gloria. Buscando la sorpresa y el caos en el enemigo. Cada soldado ajustanto su peto, su celada y su espaldar, su banderola o su gola de malla. La camisa, que ya no recuerda cuando fue blanca, por encima del peto para ser reconocido, que no sería de recibo ser degollado por buen extremeño por confusión después de batir al francés.
La daga sujeta a la espalda presta para sesgar cualquier intento de alarma de garganta enemiga y la espada corta en la mano.
Entre él y su objetivo apenas 25 metros lineales y 6 en desnivel. De ese arranque felino dependería su suerte y la de sus compañeros próximos. Afortunadamente siempre el monte fue su aliado y granito, jara, piornos o lajas sus cómplices.
A la señal sus músculos se tensaron y de un brinco saltó abandonando la ribera donde había pasado las últimas 36 horas para en una vertiginosa carrera siguiendo el trazado previsto en su mente durante todo aquel tiempo hasta alcanzar el objetivo donde con destreza cumplió su misión.
Al día siguiente El Mariscal Ferté, 77 oficiales y 1200 soldados fueron hechos prisioneros.
Hubo vino y una libra de carne para cada uno de aquellos famélicos soldados.
Grijalvo, pudo conciliar por fin un breve pero plácido sueño después de tanto tiempo. Un pequeño descanso previo a una nueva batalla.
Pero esa sería ya otra historia

9 comentarios:

ElHermanoDAlex dijo...

Qué bonito homenaje has hecho Prisi, al que por sencillo y humilde siempre pasa desapercibido. Quizá el mejor momento en el que reconocer el talento al que por dejar para el resto el protagonismo en la foto cobra el plano de retaguardia, aunque fue quien avanzó en primera línea de fuego al combate y venció.

fernan130 dijo...

Muchas gracias josema por el homenaje porque lo más duro de ayer fue leer 'La llamada de la selva'. No tuve ni la moral suficiente para poder contestar.
Después de tantas horas pasadas corriendo juntos y de tan buenos momentos, no por ser sinceramente aceptado (siempre he respetado las decisiones de cada cual porque siempre estarán justificadas) deja de ser un mal trago.
Eso sí, entre jaras y arenales, entre encinas y pinos, entre sudores y ahogos siempre podré evocar muchas tardes de amistad y atletismo. Revivirlas, será mi mejor homenaje.

Prisillas dijo...

Luisito el homenaje es justo y merecido. Nuestro amigo es duro como el acero y al mismo tiempo delicado como un pétalo de rosa. Tenemos que cuidarlo.

Fernan, Fernan... A saber lo que vuestra merced habrá entendido. Que no era selva sino monte lo que me llama y ahí no puedo pensar en mejor compañero no ya que me acompañe, si no de quien aprender que tú.
En serio, no des mayor transcendencia a unas letras que no son muchas veces sino impulsos de un corazón. A fin y al cabo para eso esta este blog para compartir las alegrías o la belleza de las palabras, los miedos o las preocupaciones en otros casos.

Mikel dijo...

Cuando lo ley anoche no tuve palabras para comentarlo. Otra vez tengo que decir que envidio tu forma de escribir, Perezrevertiana en este caso y tu forma de ver a tus compañeros de aventuras. Ni que decir tiene que cuando el otro día hablamos de ello no me costó ni un segundo imaginarme a Fernando en tal situación, tus bellas palabras son más que merecidas. Es un crack, azote de muchos y envidia de otros tantos, siempre hemos dicho que cuando seamos mayores queremos ser como Ppong, pero tampoco estaría nada mal parecerse, siquiera un poquito, a Don Fernando Grijalvo, Señor del Cerro y Mariscal de las cuestas segovianas ;-)

jesus270670 dijo...

Olé...

Con los pelos como escarpias
leyendo tan merecido homenaje
imagino rutas bien altas
con FERNAN,PRISI y ELHERMANODEALEX.

No puedo olvidarme de MAVEGAM,
de PPONG, o de DESPACIO.
Vosotros corréis el MAM,
para mi eso: mi deshaucio.

No me junto con valientes,
por no sufrir como un perro,
sois especiales y diferentes...
Sois: LOS LOCOS DEL CERRO

Mi homenaje en este refrán
para este grupo de "colgados"
pero de forma muy especial
para Maese FERNAN Grijalvo.


(ánimo FERNAN, que eres una máquina... y recuerda: "Un tropezón no siempre significa una caida"...)
(de todas formas, a la próxima no te juntes con MELCHOR... que todo se pega...)

Prisillas dijo...

Buenísimo Jesusito.
Menuda destreza se gasta vuecencia en los menesteres de la rima.
Ya imagino la cantida de corazones de galanas estremecidas a la lectura de vuestras letras tiempos á.
Slds.

ElHermanoDAlex dijo...

Prisi, me quitas un peso de encima, porque lo he releído esta mañana después del comentario de Fernan y se me ha puesto una mala h***ia de pensar que estabas a punto de echar el freno que no veas. Me alegra mucho que sea simplemente el dejar el duro y asqueroso asfalto por las maravillas de la naturaleza. Uffff, que peso me has quitado de encima, mangarrián.

Prisillas dijo...

Luisito, vale, sigue durmiendo jejeje.

Pepe-despacio dijo...

Sigo sin palabras. No creas que no lo he leído o que estoy insensible, es que me he quedado sin palabras.

Pedazo de homenaje, Fernan. Si es así, yo me apunto a pinchar cada semana o cada día.