lunes, 29 de marzo de 2010

El palo y la zanahoria.

Sirva como ejemplo de como poco a poco engañamos a nuestro cuerpo.
Cuando los problemas físicos, cuando los achaques son una rutina, cada nueva zancada es un regalo.
Y así se repite con el nacimiento de cada temporada.
Un nuevo reto que nos llama, desconocido o familiar y las dudas de si llegaremos.
El sacrificio del poder ante la razón de detenerse. Alternando el corazón de continuar con la lógica de aplicar las pausas. Calibrando al detalle esfuerzo y sufrimiento. Lo justo para alcanzar la meta, lo imprescindible para no rompernos, calculando para prolongar nuestra vida deportiva.
Y de nuevo cruzar los dedos y desear vivir ese momento de satisfación personal. De no rendirse. No pedir más. Para mirar el futuro como paréntesis o como despedida si la cosa definitivamente se tuerce.
Y se llega y se celebra como el naufrago que divisa una vela. Como un deseo ya desahuciado. Un imposible.
Pero cada vez más limitado.
El esfuerzo cada vez cobra mayor desgaste. No será posible llegar siempre.
Pero pasa un año, comienza otro y, de un rodaje a unos cambios de ritmo llegan proyectos, ilusiones y de nuevo "por qué no intentarlo, sólo uno más".

7 comentarios:

fernan130 dijo...

Si la ilusión y los ánimos permanecen incólumes, el cuerpo seguirá adelante a pesar de sus mermas. Si no conocemos la palabra rendición de nada le valdrá a aquél su desafección. Somos samurais: nos educaron para la guerra y sólo en ella brillamos, aunque sea mortecinamente; solo en ella sentimos esa pulsión que nos conecta con el origen del Universo...
A lo mejor, como dice elhermodalex, 'se me ha ido un poco de las manos...' pero es que me alegra mucho que no pierdas ni un ápice de ilusión por correr...

Pepe-despacio dijo...

Confío en que sigas contando los intentos por éxitos. Con tus ganas, tu ilusión y tus amigos, tienes hecho más de la mitad del esfuerzo, el resto es cuestión de tener tiento y prudencia.

Mildolores dijo...

No somos capaces de dejarlo. Es más, cada vez los retos son mas difíciles, mas duros o más largos.

Mas.
Mas.
Mas.

Mikel dijo...

Cuando corrí mi primer maratón (y único en ruta hasta la fecha), conocimos durante la comida de la pasta a un chavalote de sesentaypico años, llevaba encima tantos maratones como años en el DNI. No bajaba de 3 horas pero disfrutaba de todos y cada uno de los kilómetros que hacía... yo quiero que mi futuro también sea así, como muy bien has dicho: "lo justo para alcanzar la meta, lo imprescindible para no rompernos"

Fer dijo...

Proyectos e ilusiones: a por ellos.
Slds

ElHermanoDAlex dijo...

¡Ay como lo entiendo precisamente ahora!

Somal dijo...

Ayer estuve en "tu" cerro y te eché de menos. 1h30´de esfuerzo y buenos recuerdos.
Un abrazo.
No dejes el mono...