jueves, 27 de mayo de 2010

Cuando más deprisa es más despacio.

Cuantas veces no me diría ayer a mi mismo esta frase. En los momentos buenos cuando iba pletórico de fuerza y quería ser prudente y cuando el cansancio hacía mella y el ansia de terminar lo antes posible me tentaba. "Cuanto más deprisa ahora, más lento al final" me decía. Esa es, por lo que he leido la norma básica de una prueba ultra "empezar como un viejo para terminar como un joven".
Fue un entreno repleto de claroscuros.
Tras dos días de descanso necesario e impuesto por el sentido común las sensaciones de inicio fueron buenas, mucha más frescura en las piernas y capacidad de sobra para abordar la subida al Telégrafo (preciosos campos de flores amarillas y hierba en su cima) de forma continuada sin pausa alguna y sujetándome. La compañía de mi amigo Luis me vino fenomenal como ancla para controlar la euforia.
Tras 75' sabía que me quedaría solo con otros 45-60 minutos por delante que siempre son los más duros y ese paso de compañía a soledad se nota. Así que quería reservar.
En el momento de despedirnos me encuentro perfectamente, llevo unos 14 km y mi idea es alargar unos 10 más. Decido coger el camino que llega hasta la glorieta de Collado Mediano por el polvorín y decidir allí el camino de regreso.Comienza a anochecer, son las 9:35, llevo 18 km y el cerro se cubre de sombras. Como me encuentro perfectamente me planteo seguir hasta Collado Mediano y regresar a casa por la cañada más directa que encuentre. Calculo que me iré a las 2 horas 20' aproximadamente.
Las subidas van demostrando el cansancio pero en el terreno llano me mantengo perfectamente, así a buen ritmo, controlado, sigo pensando en ese "cuanto más deprisa (ahora), más despacio (luego)". Como no quiero equivocarme y desviarme hacia Guadarrama que sería demasiado estoy pendiente de coger las variantes a izquierdas en los caminos para salir lo más cerca posible del pueblo.
Pero, me equivoco y sin darme cuenta acabo en una camino sin salida que finaliza en unas fincas abandonadas. Esto mismo nos pasó hará un año y recuerdo que saltamos una de ellas y conseguimos salir. Pero la memoria falla, ya no hay apenas luz y decido probar por la finca de mi izquierda pensando en salir al camino correcto que suponía paralelo.
Me sumerjo en un mar de vegetación rabiosa, prieta, grupos de flores moradas, amarillas, blancas, tallos finos y gruesos que a la altura casi de la cintura me impiden avanzar. No distingo donde piso, escucho sonidos de pequeños animales e insectos a mi alrededor. Durante esos instantes me angustio, se me hace eterno llegar al otro extremo de la finca a pasos en los que voy elevando la pierna en cada zancada para abrirme camino en la vegetación, me asalta el temor de que aparezca algún perro guardián de la finca o alrededores... llego al límite de la misma y me encuentro una alambrada de espino que ya sin apenas luz no me atrevo a saltar, no me queda otra opción que volver a atrevesar de regreso el mismo mar vegetal al punto de origen. Nuevamente interminable, cada vez más costoso, cada vez más de noche.... Salgo al camino y doy marcha atrás. Las piernas arañadas por los tallos, el alambre y la piedra de la valla.
De nuevo echo a trotar, despacio voy cogiendo ritmo, llego al cruce original y sigo. Miro al frente y me doy cuenta que me he desorientado, en esa dirección aunque yo piense otra cosa voy de nuevo en dirección a Collado Mediano, el Cerro del Castillo que lo preside y que tengo frente a mi no me puede engañar así que vuelvo sobre mis pasos de nuevo al cruce. No me queda más opción que girar a derechas en sentido opuesto a mi idea original. Me preocupa terminar en Guadarrama, pero quiero ya salir de allí. Enciendo el frontal, ya me hace falta, llamo a casa para que no esten demasiado preocupados. De nuevo llego a un camino que gira a izquierdas. Tengo que arriesgasme. Los pasos son más torpes por las paradas, el cansancio y la oscuridad. Poco a poco voy recibiendo señales del camino que me son familiares y por lo menos soy consciente de que por allí ya he pasado otras veces. Finalmente se me hace totalmente reconocible y alcanzo las primeras edificaciones que me confirman que era el camino adecuado, el que desde el comienzo debía haber encontrado.
Salgo a la carretera y ya busco la linea más recta hasta casa. Pensando en llegar lo antes posible, tranquilizar a los mios y descansar.
Comienzo a necesitar caminar en algunos tramos, lo que me desanima cuando pienso en los 82 km de julio, pero afortunadamente veo que esos 100, 200 mts caminando si vuelvo a trotar no son demasiada rémora en el reloj apenas poco más de 6' km y merece la pena.
Alcanzo las farolas que alumbran la entrada de mi urbanización, llego al portal y cansado subo las escaleras hasta mi hogar. Son las 23:03 de la noche. Me fui a las 19:50. 31 km para 2h45' netos.Ahora parece que todo el esfuerzo me vence de golpe, no encuentro el ánimo para estirar, me dirigo a la ducha y comienzo a sentir flojera. El agua fresca me alivia un poco pero me encuentro un poco mareado, no he comido nada desde mediodía y puede ser la causa, también tengo bastante sed, el medio litro de isotónico se quedó corto en los últimos 20'.
Me cuesta un poco respirar y estoy pelín alto de pulsaciones. Como siempre en estas situaciones el estómago se me cierra y apenas admite una manzana con desgana y agua. Esto me preocupa mucho para la carrera.
Para colmo me descubro, mientras doy cuenta de la manzana un punto negro en la pierna que pienso que es cualquier cosa y que después una vez en el suelo veo que se mueve. Una garrapata probablemente del tiempo que estuve entre la vegetación. Me repaso todas las piernas para asegurarme que no tengo ninguna más, el vello se me eriza ante la idea.
Me digo: "como piensas aguantar 15 horas de esfuerzo si tu cuerpo cede siempre". "Que harás cuando este estómago se cierre, cuando te cueste respirar, cuando las pulsaciones se disparen... cuando solo queda parar, no vas a ser capaz".
Me meto en la cama, para mi sorpresa durante 5 minutos me sacuden escalofrios, tengo frio y me apetece abrigarme, no encuentro la explicación. Supongo que la fatiga, el calor acumulado en el cuerpo en contraste con la temperatura de la cama, los arañazos de las piernas...
Mi ánimo se viene un poco abajo. Esta aventura ultra puede que me quede grande y desconfio de mis posibilidades. Las conclusiones no fueron positivas. Pero sé que tengo tiempo, que en mi está intentarlo, y que cuanto más deprisa más despacio.
Mañana será otro día. Otro entrenamiento. Una nueva aventura.

3 comentarios:

Mikel dijo...

Estimado Prisillas... parece mentira viniendo de tí un error de tal tamaño... recuerdo como hace más o menos un año, cierta persona me enseñó algo muy importante... ¡hay que comer!
Tus síntomas son típicos de hipoglucemia, un pequeño mordisco a una barrita energética o un poco de gel hacen que no lleguen a producirse. Así que esta noche no olvides llevar algo que comer. El cansancio es normal... ¡hiciste más de 30 kilómetros!

fernan130 dijo...

prisillas ya te comenté ayer que no hay que adelantar acontecimientos y que las carreras largas son de cabeza tanto o más que de piernas. Para esa fecha vamos a estar todos preparados y ya sabes que en este momento voy con un cierto atraso. Es igual, a partir de cierta distancia el cansancio va a aparecer seguro pero ahí estará nuestra mente para ayudarnos a superar los bajones. Lo del otro día es lógico no sólo por la falta de comida sino por el esfuerzo que supone andar entre la vegetación alta: eso es como hacer un fuerte sprint con un desgaste excesivo. Aún así, si tienes una mente fuerte y a pesar de la sensación de que vas a reventar, no lo harás. Ahí estaré yo, espero, para recordártelo.
Estás en el buen camino. No te obsesiones. Si queremos, podemos.

llama_82 dijo...

Creo que tambien te pudo afectar el que te empezases a agobiar por el tema de la hora, la preocupación de tu familia, etc.

Todo eso condiciona la forma de correr y tensiona el cuerpo hasta llegar a las pajaras.

Por cierto, el otro dia tuve un lugar de privilegio para quitar el puesto al vigia... je je, pero aunque habia mucha gente corriendo, no eran de los nuestros.