lunes, 10 de febrero de 2014

Esa bruma sobre el agua.

Hay momentos que son especiales, casi mágicos. Aquellos que por una u otra razón quedan grabados en nuestra memoria y provocan sentimientos en nuestra alma.
Hoy he rescatado uno de esos momentos especiales de mi memoria.
Aquel en el que cuatro amigos en un mes de julio, en un paraje de Euskadi durante unos minutos sintieron paz y emoción tras la tormenta.
Después de una noche de perros, calados, magullados, después de numerosas caídas, de decenas de resbalones. De una heladora noche, de la niebla y el desánimo, de pronto, ante nosotros recuerdo un remanso de calma en modo de pequeño embalse o laguna, con la bruma sobre el agua en las primeras horas del día. Aquella visión nos sobrecogió y nos embaucó. No pudimos evitar parar, arrebujar nos y hacer piña para traspasarnos fuerzas y ánimo. No pudimos evitar pensar que lo peor ya había pasado. No pudimos evitar sentirnos poderosos, invencibles. Fue como digo, un momento mágico e inolvidable. Recuerdo además que posteriormente vino acompañado de un precioso tramo que discurría por una cornisa que iba atravesando pequeños puentes y puertas de madera. Los cuatro mosqueteros en plena búsqueda de la gloriosa ultra distancia.
Después, volvió nuevamente la brega contra los elementos en forma de barro, lluvia, cansancio y desánimo. Logrando quebrar la voluntad de dos de nosotros.
Cuando las cosas no salen como uno quiere. Cuando se suceden las malas noticias, el desánimo. Cuando las rachas vienen torcidas. Cuando uno yerra. Siempre hay un instante bueno. Algo a lo que aferrarse.
No olvidemos esos instantes mágicos. Dentro de la tormenta. A pesar de la tormenta, seguro que hay algo bello que recordar. Algo emocionante que sentir. Algo nuevo que aprender. Algo interesante que contar. Algo que nos hace sentir vivos. Algo que nos hace revivir.

2 comentarios:

Luis Ángel Morales Escribano dijo...

No puedo añadir nada, salvo que tengo grabado a fuego ese momento y el pensamiento que me sobrevino al ver el lago. Simplemente pensé que jamás olvidaría ese momento y así lo espero. En cuanto a la piña que se hizo ese día se podrá hacer siempre que lo volvamos a necesitar, siempre que queramos. Aquí un piñón para lo que sea necesario, ahora bien, del desánimo podemos ayudar a salir el resto, pero el implicado tiene que ser el primero que quiera salir. Mientras tanto paciencia amigo, ese día aprendimos todos una lección muy importante que podemos aplicar a cualquier ámbito. Solo me falta añadir que aunque ya lo sabes, siempre que lo necesites dame un silbidito, pídeme un minuto, diez o cien, un rato en torno a una cerveza, pero no me vuelvas a pedir lo del otro día, el susto fue terrible.

fernan130 dijo...

Recuerdo cómo nos informó ese día Ppong de que la noche sería dura pero que al amanecer recuperaríamos los ánimos. Durante parte de ella me aferré a esa idea porque el frío, la lluvia, el terreno, invitaban al abandono... Como en la vida, las malas circunstancias no venían solas sino en tromba para poner a prueba nuestra capacidad de resistencia. Por eso el amanecer con su luz mortecina ayudó a recuperar el cuerpo y el ánimo…
Siempre hay que pensar en que el futuro nos deparará algún momento que compense los sinsabores pasajeros por muy largos que éstos nos parezcan. Siempre podremos ver desde la oscuridad esa tenue luz que entre la bruma esboza un precioso lago….