martes, 30 de agosto de 2011

Merece la pena.

Ahora, que hace apenas unas horas ha finalizado el UTMB.
Donde muchos amigos han tenido que renunciar a su ilusión de finalizar la prueba y, otros obstinados, han conseguido vencer todas las adversidades.
¿Cuantas veces la linea entre finalizar o abandonar no la marca la motivación o el valor sino la insconsciencia o la locura?.
Ser racional te puede llevar al éxito si dosificas y calculas bien tus posibilidades, pero también a la renuncia si enla balanza pesa más la prudencia o el temor.
Así es este mundo en el que se pasa se la euforia a la decepción en horas, a veces en minutos.
Como le decía a un buen amigo a través del facebook normalmente sobrevaloramos la meta y eso hace que perdamos la perspectiva del esfuerzo, tesón, desgaste, tozudez, rabia, euforia, emoción... y demás sensaciones que nos suceden desde el momento de comezar la preparación hasta el final de la aventura. Sea en el km que sea. 
Siempre hay que valorarlo.
 

4 comentarios:

Mildolores dijo...

Y que gran verdad le dijiste. Fácil de entender, pero difícil de aplicar.

Mikel dijo...

Pues tienes razón...

ElHermanoDAlex dijo...

¿Y si la batalla la pierdes antes de arrancar en la línea de salida el día D? ¿Cómo se recuperan las ganas que sabes que existen pero que la oscuridad turba? Lo más difícil de todo, conciliar la vida con este deporte egoísta del ultra. Sé que suena pesimista, apesadumbrado y hundido y pongo al mundo por testigo que no lo soy ni lo pretendo, es la realidad que me ahoga.

fernan130 dijo...

En eso consiste el disfrutar con las Ultra, en todo lo que las rodea, en el previo a la carrera, más en concreto, en pasárselo bien entrenando. Para mí, no deja de ser un juego, a veces muy satisfactorio y alguna que otra, lleno de sinsabores, pero un juego al fin. En esa lucha más allá de los límites, en ese andar por el filo al borde siempre de la extenuación, somos capaces de acumular placer donde otros sólo encuentran esfuerzo inhumano. No dejamos de ser más que unos incomprendidos para la mayoría de los que nos ven pasar sin entender qué extraño morbo nos empuja hacia ese abismo de sudor, respiración agónica y cansancio... ¿Estamos dispuestos a seguir? Lo tenggo claro: hasta que el cuerpo aguante.