martes, 25 de agosto de 2009

La fuerza del grupo.

Si el atletismo es básicamente un deporte individual a la hora de materializar el esfuerzo y luchar por una meta personal, no es menos cierto que como en cualquier deporte colectivo, la fuerza del grupo en el momento de entrenar es un factor de vital importancia para, no sólo conseguir esos objetivos, sino para disfrutarlo.
Una vez llegamos a la manida dualidad.
El atleta como unidad que debe mantener sus objetivos y el atleta como eslavón que debe adaptarse al gregarismo del grupo.
De un adecuado equilibrio de ambas proyecciones conseguiremos el máximo rendimiento a nuestras cualidades atléticas cimentadas en la estructura del grupo.
Existen casos en que el individuo rehuye el papel gregario y, simplemente desarrolla dentro del grupo su propio entrenamiento personal durante los momentos en que ambos son coincidentes. Normalmente se da en individuos de un nivel medio-alto que entienden los periodos de rodaje tranquilos como una rémora para su progresión.
Tenemos por contra otros individuos que condicionan su evolución natural a la del propio grupo, acomodandose a las pautas marcadas por los demás y progresando en función del nivel de las personas que puntualmente compartan la dinámica.
Es bueno encontrar lo mejor de ambas situaciones. Ser capaces de alimentar nuestra legítima ambición de mejorar, progresar e intentar alcanzar nuestras metas y, la sabiduría para compartir buena parte de nuestra vida deportiva con los demás, unas veces sufriendo el ritmo de quien nos precede, otras acompañando a quien no alcanza nuestro nivel. Esfuerzo y descanso.
Psiquicamente, el grupo en el atletismo, como en cualquier otro colectivo actua como liberador de nuestras emociones. Encontrando consejo, apoyo, ánimo, competitividad, liberación... un considerable número de situaciones emocionales que nos ayudan como deportistas y como personas.
Personalmente soy partidario de compaginar un yo atleta individual en la soledad de la recta interminable y, un yo gregario compartiendo comentarios durante la parada en una fuente.
¿Y vosotros, que opinais?.

3 comentarios:

fernan130 dijo...

A mí me parece que cada persona es un mundo y que se dan todos los casos posibles con respecto al tema. Siempre hay gente que busca el grupo frente a otros que prefieren los entrenos individuales. Incluso se da el caso del que, en momentos concretos y para lograr mejores tiempos entrena solo o con gente muy concreta. La taxonomía de casos sería desde luego larga. Estoy de acuerdo en que se pueden combinar metas personales (también dependen del nivel de éstas) y rodadas grupales. Personalmente pienso que el rodar en grupo aporta tanto que, en la mayoría de los casos, merece la pena sacrifcar algo de nuestras modestas metas por hacerlo. Eso, por supuesto, caso de que haya que hacerlo cosa que, en mi caso, no se ha dado todavía.

Miguel Ángel dijo...

Cuando empecé a correr disfrutaba mucho de las escapadas en solitario, lo consideraba un tiempo para mí, para centrar ideas y disfrutar sensaciones. Ahora prefiero el equipo, la conversación...
También hay que reseñar que no me suelo plantear las salidas como entrenamientos, sino como disfrute puro y duro. Supongo que en caso de que se siga algún plan determinado de entrenamiento el grupo puede dificultar su cumplimiento... por lo que sería mejor el rodaje en solitario.

Pepe-despacio dijo...

Efectivamente lo ideal es combinarlo, pero los que sabemos que no esperamos de este deporte nada en plan atlético, nos quedamos con la Amistad en vez de con el Atletismo.

Otra cosa son los condicionantes y limitaciones de cada uno, la disponibilidad de horarios, días y lugares. Eso sí que obliga a correr en solitario la mayoría de las veces.